“Desde pequeño mi abuela me enseñó a rezar el rosario y leer la biblia” - Testimonio de un miembro de Courage en Ecuador


“Desde pequeño mi abuela me enseñó a rezar el rosario y leer la biblia”
Testimonio de un miembro de Courage en Ecuador

 

Un bendecido día mis queridos hermanos. Les saluda Johnny F., miembro de Courage en Guayaquil, Ecuador. A continuación, les comparto mi experiencia al ingresar al apostolado Courage.

Desde pequeño yo sentí que tenía una orientación sexual distinta a la de otros niños. Me criaron en una familia católica, mi abuelita de parte de padre acostumbraba a llevarme a misa desde pequeño y me enseñó con mucho amor a rezar el rosario y leer la biblia. Se aseguraron de que recibiera los sacramentos; era algo que me gustaba mucho. Especialmente me gustaba pertenecer a grupos de la Iglesia, participar del coro y rezar las novenas por los difuntos. Me hice devoto de nuestra Madre María en la advocación de la Virgen del Carmen.

Lamentablemente, en mi adolescencia, empecé a frecuentar cines para adultos, bares, discotecas, lugares con un ambiente no adecuado para mi edad, y comencé a beber mucho alcohol entre otras cosas. Comencé una vida de lujuria y vida activa homosexual junto a personas que no eran buenas influencias para mí. Incluso llegué a hacerme leer las cartas, leía horóscopos, etc. Viví muchos años en un ambiente así, y a pesar de que tenía una vida social activa y conocía muchas personas, sentía un vacío que nada lo llenaba, me sentía solo, desorientado y confundido.

Ante esa soledad y situación en la que me veía, hubo algo en mi corazón que me hizo optar por ir a la Iglesia en las tardes todos los días, al salir del trabajo. Fue uno de esos días, en la Catedral Metropolitana de mi ciudad cuando, en confesión, el padre Rómulo Aguilar me comentó acerca del apostolado Courage y me puso en comunicación con JM, un joven que participaba de este apostolado. Esto fue en el año 2014. ¡Pronto serán 10 años desde que tuve ese primer contacto con el apostolado! JM me invitó a comenzar a participar de las reuniones de Courage y ahí conocí gente maravillosa que, al igual que yo, pasaban por problemas y cuestionamientos en cuanto a su orientación sexual, pero que, a pesar de ello, buscaban tener una relación cercana con Dios y esforzarse por llevar una vida casta.

En las reuniones hemos compartido nuestras experiencias y, a la vez, recibido consejos para madurar en nuestras luchas espirituales. También he encontrado amistades que nos ayudan a sentir que no estamos solos y que se puede llevar una vida en santidad. Tengo amigos que ahora me dicen: ¡Vamos a la Iglesia! ¡Vamos a orar por nosotros y por los demás! También me es de gran ayuda tener la guía espiritual del P. Rómulo y me esfuerzo por recibir los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación con mucha frecuencia. Mis amigos de Courage me han ayudado a levantarme después de las caídas, no solo con sus consejos, sino también con sus oraciones, siempre de la mano y la ayuda de Dios. Estoy muy agradecido de pertenecer a Courage y oro porque lleguen más integrantes, porque es posible tener amistades cristianas y de buen corazón a pesar de experimentar atracción al mismo sexo.

Para más información sobre el capítulo de Courage en Guayaquil, Ecuador, escriba a: guayaquil@couragelatino.org o por WhatsApp al número: +593 986762139


Iniciando el año pidiendo una mayor confianza en Dios

Iniciando el año pidiendo una mayor confianza en Dios

Por Yara Fonseca*

Hace pocos días iniciamos un nuevo año. Muchas veces aprovechamos esta ocasión para evaluar el año anterior y proyectarnos hacia lo que viene por delante. Los primeros días del año suelen estar acompañados por diversos sentimientos y experiencias interiores. Algunas veces miramos el año que se inicia con el deseo de que sea mejor y más llevadero que el que termina; otras veces tenemos expectativa y entusiasmo con lo que nos espera; pedimos a Dios que nos regale un año donde nosotros y nuestros seres queridos tengamos salud, paz y armonía, y pedimos éxito en todas nuestros proyectos y relaciones.

Este nuevo inicio, con todas sus emociones y sentimientos, no es solo un cambio de calendario, sino una oportunidad valiosa para experimentar de manera renovada el amor de Dios y su fidelidad hacia cada uno de nosotros. Es un momento privilegiado para buscar a Dios y reafirmar nuestra fe y confianza en su providencia paternal.

La certeza del amor de Dios hacia nosotros nos da seguridad, su cuidado trasciende cualquier circunstancia de vida y nos capacita para vivir con esperanza. El profeta Jeremías nos da palabras alentadoras con relación a la voluntad de Dios para sus hijos: “porque Yo conozco mis designios sobre vosotros, dice el Señor, designios de bienestar y no de desgracia, de daros un porvenir y una esperanza” (Jer 29,11).

La voluntad de Dios es que vivamos bien, que podamos participar de los dones y bendiciones que Él mismo constantemente nos ofrece. Nuestro Dios es un Dios vivo que regala vida en abundancia y que nos protege como a “la niña de sus ojos” (Salmo 17, 8).

Quizás nos pueda parecer extraño usar esta expresión para referirnos a la relación que Dios tiene con sus hijos, pero las Sagradas Escrituras, más concretamente el Antiguo Testamento, usa esta expresión que bien puede ayudarnos a profundizar en quienes somos para Dios. “La niña de los ojos” es la pupila, lugar muy sensible del cuerpo. Pensemos cómo los párpados la protegen. Basta que algún objeto se aproxime a nuestros ojos para que los párpados se cierren automática e inmediatamente. Además, de modo instintivo, solemos mover la cabeza y llevar las manos al rostro para proteger este órgano tan delicado y evitar alguna lesión.

Somos esta pupila vulnerable para Dios, y Él hace todo para protegerla. Encontramos en el capítulo 32 del libro del Deuteronomio un testimonio de este amor. El pueblo de Israel mientras buscaba la tierra prometida anduvo por el desierto y, si bien sufrían las inclemencias del clima y la fatiga del camino, Dios siempre cuidó de cada detalle, los alimentó con el maná y sació su sed con el agua que hizo brotar de una roca; también les garantizó la victoria contra sus enemigos. Expresando este cuidado, el autor sagrado nos dice que Dios “lo halló en tierra desértica, en medio de la soledad rugiente del desierto. Lo rodeó, lo cuidó, lo guardó como a la niña de sus ojos” (Dt 32,10).

Ya en el libro del profeta Zacarías encontramos gran consolación en la promesa de que Dios, con su amor celoso, nos libra de nuestros enemigos y de todo aquello que quiere hacernos daño y apartarnos de su amor: “así ha dicho el Señor de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron, porque el que os toca, toca a la niña de mi ojo” (Zac 2,8).

La confianza de que Dios cuida de su pueblo también aparece presente en los ruegos que encontramos en los salmos de petición. Así es, por ejemplo, la súplica del salmo 17: “Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas”. Aquí vemos como el salmista, pide con libertad que Dios lo guarde y proteja pues confía en su manera siempre paternal de cuidar de su pueblo, de cada uno de sus hijos.

¿Si Dios nos promete este cuidado amoroso, cómo no confiar en Él? La confianza es una virtud cristiana exigente pues a menudo no experimentamos de modo sensible el amor de Dios, pero al mirar el testimonio de las Sagradas Escrituras encontramos un aliento espiritual que nos invita a confiar, a depositar en las manos de Dios todos nuestros afanes y luchas, frustraciones y esperanzas, miedos e incertidumbres.

Confiar es abandonarse en las manos de Dios, es aceptar que necesitamos de su Presencia en nuestras vidas. La invitación hoy es que podamos hacer una oración al Señor en la cual pongamos en sus manos este nuevo año que empieza y le digamos con confianza de hijos: “Señor bueno y fiel, aunque no merezca, soy “la niña de tus ojos”. Confío toda mi vida en tus manos pues estás cerca de mí y todos tus planes son de esperanza y paz. Muchas veces me cuesta confiar, pero hoy hago este acto con fe, pidiéndote la gracia de perseverar en el don de la confianza”.

* Yara Fonseca es consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y reside en Brasil con su comunidad.


“La Iglesia y Courage me han dado nuevamente la oportunidad de luchar por la santidad” - Testimonio de un miembro de Courage en Brasil


“La Iglesia y Courage me han dado nuevamente
la oportunidad
de luchar por la santidad”

Testimonio de un miembro de Courage en Brasil

Me llamo Víctor, soy de Ceará, Brasil y soy miembro del apostolado Courage desde el año 2020. Actualmente, formo parte del capítulo en la arquidiócesis de Fortaleza, uno de los capítulos de Courage más nuevos en mi país. Mi infancia, fue como cualquier otra, siempre fui un niño muy alegre y extrovertido. Mi familia era católica, sin embargo, solamente mis abuelos practicaban la fe y asistían frecuentemente a la iglesia. Fueron ellos quienes me hablaron y enseñaron sobre Dios, la Virgen María y la fe. Eso ha sido muy importante para mí, pues siempre he sabido que Dios existía y que tenía planes para mí.

Cuando tenía 10 años, sucedió algo en mi vida que acabó con mi estado emocional y que influyó mucho en mi sexualidad y la forma de verme. Fui abusado sexualmente por un primo mayor que yo; esto duró casi tres años. Sin embargo, creo que ese no fue precisamente el momento en que empecé a experimentar atracción al mismo sexo. Además de estas situaciones difíciles, alrededor de mis 12 años caí en el vicio de la pornografía, causando más daño a mis emociones. Y fue a mis 14 años cuando mis padres descubrieron en el historial de búsqueda de mi computadora que yo estaba accediendo con frecuencia a sitios pornográficos homosexuales. A partir de ello, empezó un período muy duro y difícil en mi vida. Mis padres me preguntaron sobre mi identidad y les dije que me sentía atraído hacia los hombres. A partir de ese momento, la relación con mis padres comenzó a ponerse cada vez más complicada. Comenzaron las discusiones y peleas prácticamente todos los días. En ese tiempo, mi madre ya era una católica más comprometida con su fe y tenía una participación más frecuente en la Iglesia. Sin embargo, mi madre tuvo una gran influencia protestante y quizá por ello muchas veces me decía que lo que yo sentía era algo que podía cambiar y que era el diablo quien había puesto la atracción al mismo sexo en mi corazón.

Hoy comprendo que para ella era difícil entenderme. Sin embargo, la situación en mi familia fue poniéndose cada día peor hasta tal punto de que mi padre quería sacarme de la casa y amenazaba con castigarme. La situación se tornó tan difícil y dolorosa para mí hasta el punto que un día mi madre me dijo que le iba a pedir a Dios que me llevara, pues prefería tener un hijo muerto que un hijo homosexual. Eso para mí fue muy doloroso, lloré muchísimo y me sentía tan solo y desesperado que realmente quería huir de la casa de mis padres.

Poco a poco fueron pasando los días hasta que, en contra de mi voluntad, mi madre logró llevarme a conversar con el fundador de una comunidad cristiana que estaba ahí en el barrio donde yo vivía. Yo no quería ir, no quería hablar de mi atracción al mismo sexo, sin embargo, poco a poco, casi sin darme cuenta, comencé a compartir con él sobre mis sentimientos, y este “problema” que yo sentía. Entonces, fue la primera vez que escuché a una persona hablar de Dios de una manera distinta, de un Dios distinto del que me hablaron mis padres. Y poco a poco fui amando y enamorándome de Dios Padre, un Dios maravilloso.

Empecé un camino de conversión de mi corazón hacia el corazón de Jesús. Un camino que ha sido realmente hermoso. Sin embargo, el tema de la AMS seguía sintiéndolo y siendo lo mismo para mí. Leí muchos libros sobre el tema, tuve muchas conversaciones, incluso tuve terapias reparativas, pero me sentía cada día más frustrado y más triste, al punto de que en poco tiempo comencé a tener una vida sexual activa con otro hombre que duró más de tres años.

Esos años tampoco fueron fáciles y dejaron muchas heridas en mi corazón, heridas muy profundas que solo Dios podía sanar. Fue en aquel momento que un amigo me habló del apostolado Courage. Busqué el apostolado, pero como no había un capítulo en mi ciudad no era fácil participar de lo que Courage ofrecía. Sin embargo, desde ahí comencé a leer más y más los artículos en el sitio web de Brasil, que me comenzaron a ayudar mucho a vivir la castidad.

Las heridas emocionales eran muy profundas y aún no había podido sanarlas con el amor de Dios. No había dejado que Jesús sanase esas heridas que dolían tanto. Fue en el año 2020, en medio de la pandemia, cuando comencé nuevamente a conversar con otros hombres y me comunicaba virtualmente para tener relaciones afectivas, pero sentía en lo más profundo de mi corazón que vivir la castidad era el mejor camino para la paz que tanto anhelaba en mi vida.

El 30 de mayo del 2020 recibí un mensaje de Mauricio, miembro de Courage que coordina en Brasil, en el que me decía que podía participar de un capítulo virtual de Courage en Brasil. Una inmensa alegría llenó mi corazón, era sentir la misericordia de Dios derramándose profundamente en mi corazón. Fue así como comencé mi peregrinar en el apostolado Courage.

Aquí he descubierto lo que realmente enseña la Iglesia sobre la homosexualidad y que la castidad sí es posible para mí, como para cualquier persona que experimenta atracción al mismo sexo o no. Algo muy importante que he vivido en el apostolado Courage es poder perdonar a mis padres. Hoy nuestra relación es muy distinta a como era antes, hoy puedo amarlos sin miedo. Courage me ha dado muchos amigos -incluso una ahijada de confirmación- que están caminando conmigo por tener una vida casta y santa. Incluso mi amor por la Iglesia ha sido renovado, pues la conozco más y sé lo que me invita a vivir, de manera especial en relación a personas que experimentan atracción al mismo sexo.

Quiero compartir desde lo más profundo del corazón que estoy muy agradecido con Dios, la Iglesia y el apostolado Courage, por darme nuevamente la oportunidad de luchar por la santidad. Todo ello me dio tanta fuerza y valentía que, junto con otro miembro de Courage en Fortaleza, fuimos a visitar al arzobispo de mi arquidiócesis para presentarle la pastoral de Courage y pedirle que se fundara aquí en nuestra ciudad. Nuestro arzobispo nos acogió muy pronto y nos autorizó a comenzar la pastoral Courage, y el 17 de diciembre cumpliremos un año en la Arquidiócesis de Fortaleza. A lo largo de este tiempo, otras personas se han ido acercando para unirse a este capítulo de Courage, y estamos creciendo mucho. ¡Estoy muy agradecido con Dios!

¡San Carlos Lwanga y compañeros mártires, rueguen por nosotros!

Con cariño, Victor - Courage Fortaleza, Brasil

 

 


La Reconciliación: Dios con nosotros - Algunas luces desde San Bernardo de Claraval

La Reconciliación: Dios con nosotros
Algunas luces desde San Bernardo de Claraval

Lícia Pereira de Oliveira, f.m.r* 

Podemos ver que algunos establecimientos comerciales ya han puesto a la venta artículos navideños y que en muchos ambientes ya comenzaron las organizaciones para las confraternizaciones de fin de año. Desde un punto de vista meramente externo, hay muchas cosas que recuerdan que se acerca la Navidad, pero estas cosas no necesariamente recuerdan lo central de esta fiesta:  la conmemoración de la primera venida de nuestro Dios para estar con nosotros. Algunos dicen que la “culpa” por este estado de cosas es la “secularización” que desconectó la fe cristiana de la vida social y cultural y relegó la vida religiosa a la esfera privada. 

Pero, al parecer esta desconexión no se dio solo en la modernidad, San Bernardo de Claraval (1090-1153) predicando sobre la frase: “¡Que me bese con los besos de su boca!” (Ct 1,2), decía que este primer versículo del libro del Cantar de los cantares habla acerca de la presencia de Cristo en el mundo. Pero, el santo abad denunciaba que ante esa gracia, muchas personas eran frías e indiferentes y concluye: “Sí, son muchísimos los que se alegrarán en la próxima celebración de la Navidad. Pero, ¡ojalá fuese por su Nacimiento!” [1]   

Bernardo desarrolla profundas reflexiones sobre este famoso versículo y relaciona el gesto humano del beso con los misterios de la fe. Así, el beso es la anhelada reconciliación entre Dios y la humanidad: “imploraban el signo de la reconciliación prometida, el beso [2]; es el misterio de presencia de Dios en el mundo: “Así exigían desde antiguo con sus lamentos este sagrado beso, es decir, el misterio de la Encarnación” [3]; es el proprio Jesús: “en definitiva el beso como tal no es sino el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús y Dios, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.” [4] 

El santo doctor, en este y en otros textos, dice que el Hijo de Dios vino al mundo para reconciliarnos, reconciliación que se realizó de modo objetivo y de una vez por todas mediante los misterios de su Encarnación, Vida, Pasión, Muerte y Resurrección y que se realiza en nuestro corazón todas las veces que después de que nos alejamos de Dios, regresamos, atraídos por su amor y misericordia. 

Según San Bernardo, nuestra vida puede ser una vida reconciliada y puede serlo, en primer lugar gracias a quien “reconcilió con su sangre lo terrestre y lo celeste, el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús”[5], y porque deseamos que nuestra existencia esté llena de paz y de armonía. Vida reconciliada, para Bernardo es vida según el Evangelio. En uno de sus sermones con ocasión de la solemnidad de Todos los Santos, relaciona bienaventuranzas y reconciliación:  

Observa cómo por las tres primeras bienaventuranzas se reconcilia el alma consigo misma; por las dos siguientes con el prójimo; por la sexta con Dios, y por la séptima reconcilia a otros hombres como partícipe de la gracia de Dios y favorecido con su dichosa familiaridad […] Reconciliados con nosotros mismos y con el prójimo, la pureza de corazón nos reconcilia con Dios. Dichosos los que, agradecidos de su reconciliación y santamente solícitos de sus hermanos, intentan reconciliarlos consigo mismo y con Dios [6].

Las meditaciones de San Bernardo pueden ser muy iluminadoras para vivir la Navidad, pues ellas nos ayudan a elevar nuestra acción de gracias por el amor tan grande de Dios que vino a estar con nosotros, para sanar nuestras enfermedades, curar nuestras heridas, llevarnos a la unión con Él. Y para que lleguemos a vivir una vida reconciliada, Bernardo aconseja: “Hacia la paz se orienten vuestras intenciones, para que en cualquier cosa que emprendáis os mueva el deseo de esta paz que supera todo sentido. Tened siempre este objetivo: vivir reconciliados y en paz con Dios”[7]. 


Referencias:

  1. SAN BERNARDO DE CLARAVAL, Sermones sobre el Cantar de los cantares, 2,1.
  2. Ibid., 2,4.
  3. Ibid., 2,6.
  4. Ibid., 2,8.
  5. ID.Sermón primero en la festividad de Todos los Santos, 14. 
  6. Ibid.
  7. ID.Sermón II, en la Vigilia de Navidad1.

*Lícia Pereira es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y en este momento reside con su comunidad en Brasil. 


Padres de familia comparten su caminar con hijo que experimenta AMS

Padres de familia comparten su caminar con hijo que experimenta AMS

Somos Pedro y Cecilia, nos casamos hace 33 años, muy enamorados e ilusionados de vivir por siempre juntos. Nos enseñaron que el matrimonio es para siempre. A los cinco años de casados nace nuestro primer hijo, dos años más tarde nace el segundo hijo y dos años después nuestra hija.

Mi esposa y yo trabajamos en un negocio propio y nuestros hijos recibieron educación y formación en un colegio católico. Sentíamos que con ir a misa los domingos y con valores en casa y colegio era suficiente. Los domingos también paseábamos en el parque o disfrutábamos en la playa. Ya cuando nuestros hijos estaban más grandes seguíamos asistiendo a misa y algunas veces al cine. Mi esposo siempre platicaba con ellos sobre lo que les gustaba, les compartía historias, familiares o de negocios, entre otros temas.

Mi esposa se concentraba en lo que hacía falta en el negocio: contabilidad, surtir la mercancía, deudas, pagos, etc., así como en los deberes de casa. 

En medio de esta cotidianeidad familiar, un día nuestro hijo mayor le dice a su mamá por un mensaje de WhatsApp: "Mamá si en lugar de novia, ¿tengo novio?". Mi esposa no respondió inmediatamente y después de un momento escribió: "Luego hablamos". Ya en casa comimos todos juntos y al terminar salimos al jardín con nuestro hijo para conversar.

Mi esposo respiró hondamente y no dijo nada, entonces hablé yo y le dije: "Hijo nosotros siempre te vamos a querer, pero vas a cumplir con los mandamientos de la Iglesia, estudiarás, trabajarás y nos ayudarás en lo que se necesite, nos acompañarás a todos lados, donde sea necesario". Mi hijo escuchaba y después, mi esposo tomó la palabra y dijo: “hijo yo te quiero mucho, pero hay personas que no están de acuerdo con el estilo de vida y tratan mal a las personas gays, te tendrás que esforzar y ser buena persona para que la gente te respete y no vayas a emborracharte o drogarte, no es bueno para tu salud. Estudia y trabaja duro para que algún día seas independiente”. Después de esa conversación general, no volvimos a hablar del tema con nuestro hijo, pero mi esposo y yo decidimos agregar en nuestras oraciones una petición a Dios para que nos iluminara el camino, porque había algo en nuestra conciencia que nos generaba miedo, preocupación, dolor, dudas.

Un tiempo después, a mi esposo y a mí nos invitaron a formar parte del grupo Apóstoles de la Eucaristía en nuestra diócesis. Durante la formación en uno de los congresos de este grupo, mi esposa le hizo una pregunta a un obispo y le dijo: “si tengo un hijo gay puedo ser apóstol de la Eucaristía?” El obispo contestó “Tienes mucho por quien rezar. Los padres de familia no son responsables de las decisiones de los hijos, pero la casa se tiene que respetar, si los hijos son solteros o divorciados, asistirán a las fiestas familiares solos, no llevarán una pareja distinta para cada festejo. La casa de la familia se debe de respetar y más si aún siguen viviendo con sus padres”. Después de esto, mi esposa aún seguía con poca claridad en el corazón de cuál era la manera en la que Dios le pedía vivir esta situación con nuestro hijo. Así, con el corazón dolido ante las incertidumbres, se fue a los baños del local y ahí lloró mucho, un llanto extraño, al punto de parecer un rugido desgarrador, porque aún no entendía que era lo que sentía por nuestro hijo ‘gay’. Por un lado, amaba a nuestro hijo con todo el corazón, y por otro sentía que si la Iglesia rechazaba a los gays, ella prefería dejar de ir a la Iglesia. Cuando terminó de llorar, y quizá descansar en esas lágrimas, salió al corredor del lugar y en ese momento conoció a un grupo de personas que eran miembros de EnCourage en nuestra diócesis, intercambiaron celulares y en dos meses hablamos por teléfono y nos entrevistaron en compañía de un representante y un sacerdote, el entonces capellán de EnCourage.

Al empezar a participar de las reuniones de EnCourage sentimos cada vez más alivio, nos ayudó a conocer más a fondo el tema de la atracción al mismo sexo, comprender, tener fe, orar mucho y muy importante para nosotros, no sentirnos solos como padres de familia. Más adelante, mi esposo asistió a los encuentros que realiza Courage-Latino en México y siempre regresaba a casa tranquilo, sereno, no se enojaba, no se alteraba, en constante oración. Yo me preguntaba: ¿qué le habrán dicho en el Encuentro de Courage? ¿Por qué mi esposo vuelve tan sereno del congreso?

Un año, el Encuentro de Courage se realizó en Chihuahua y ahora fue mi esposa la que pudo ir. Ese encuentro fue impactante. Ella, volvió y me contó cómo desde que empezó el congreso se sintió integrada con las madres de familia de Ciudad de México y Guadalajara. Platicó mucho con ellas en los descansos, y pudo hacerles muchas preguntas. En Chihuahua conoció el testimonio de una madre de familia, Susi, también escuchó el tema “El silencio de María” y todo eso le ayudó a sentir que Dios había permitido y la había elegido para ser madre de un hijo que experimenta atracción al mismo sexo. Fue a partir de ello, que ya no sintió miedo, ni dolor, sino que estos sentimientos se fueron desvaneciendo poco a poco. Con la ayuda de las reuniones de EnCourage caminamos de la mano de Jesucristo, lloras un poco, pero vuelves la mirada a Jesús y el corazón se calma. A partir de entonces le rezamos a Dios para que ilumine el camino de nuestro hijo y el camino de todos los jóvenes con atracción al mismo sexo. También oramos por todas las familias que tienen un ser querido con atracción al mismo sexo para que tengan fe.

Mi hijo no está en ninguna relación homosexual, hoy en día nos sigue acompañando y ayudando en el trabajo familiar. Sabemos que tiene amigos y le pedimos que siempre busque amigos serios, tranquilos, con valores y trabajadores.

Nos sentimos orgullosos de nuestros tres hijos. Hoy, ocho años después de que nuestro hijo mayor tuvo la confianza de compartir con nosotros sobre sus atracciones sexuales, él tiene sus propias metas en la vida, al igual que nuestros otros dos hijos.

Con el apostolado EnCourage aprendimos a no juzgar, a no obligar, pero siempre respetando la casa y las enseñanzas que hemos impartido en el hogar: no apartarse de la Iglesia, buscar amistades castas, vivir con dignidad y dar buen consejo.

Nuestro mayor deseo es que nuestros hijos siempre se sientan amados por Dios y por nosotros, y que libremente sigan el camino de Jesús. Sabemos que no es fácil, pero no dejamos de ir a las reuniones de EnCourage, y seguimos leyendo y practicando y profundizando en las Cinco metas. Seguimos orando y escuchando, constantemente, los designios de Dios para nosotros como padres, esperando con fe que nuestros hijos vayan tomando sus decisiones en la vida siempre de la mano de Jesús.

 


El buen humor de Santa Teresa de Jesús: Recomendaciones para nuestra vida espiritual

Escultura de santa Teresa de Jesús
"Santa Teresa de Jesús". Crédito: Lorena Tabares

El buen humor de Santa Teresa de Jesús:
Recomendaciones para nuestra vida espiritual

Por Lícia Pereira de Oliveira, f.m.r*

   Santa Teresa de Jesús o de Ávila es una de las santas más notorias del pueblo cristiano, es la primera mujer proclamada Doctora de la Iglesia y según el Papa Benedicto XVI, “representa una de las cimas de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos” [1]. Si leemos algunas de sus numerosas obras literarias, tanto autobiográficas como doctrinales y epistolares veremos cómo se confirma esta apreciación. Entre sus obras más destacadas se encuentran El libro de la vida (1565), Las moradas o Castillo interior (1577), Camino de perfección (1583) y Las fundaciones (1610). 

   Sobre Teresa se puede hablar muchísimo. San Pablo VI, en la ceremonia de su proclamación como Doctora, hizo un brevísimo resumen que permite que tengamos alguna idea sobre su aporte a la Iglesia: 

La vemos ante nosotros como una mujer excepcional, como a una religiosa que, envuelta toda ella de humildad, penitencia y sencillez, irradia en torno a sí la llama de su vitalidad humana y de su dinámica espiritualidad; la vemos, además, como reformadora y fundadora de una histórica e insigne Orden religiosa, como escritora genial y fecunda, como maestra de vida espiritual, como contemplativa incomparable e incansable alma activa [2]. 

   Pero me gustaría resaltar que Teresa presentó un rasgo de su personalidad que puede ser iluminador para nosotros: el buen humor. El Libro de la vida, que es su autobiografía, me ha sacado algunas sonrisas, no porque ella narre situaciones chistosas, tal como la que se cuenta de modo informal que dijo al Señor que Él tiene pocos amigos por la forma como los trata, sino porque lo que ella cuenta sobre su vida y misión -que no fue nada fácil- lo hace con un espíritu libre, con mucha naturalidad, de forma amena, directa, con una cierta ironía, pero, siempre en perfecta armonía con una profunda y grandiosa espiritualidad.  

   Un ejemplo se refiere a una de sus enseñanzas sobre la oración. Teresa desea explicar que, si bien está de acuerdo en que es bueno desapegarse de todo lo sensible en la oración, como enseñaban algunos maestros de su época, dice que ello no se aplica a la humanidad del Señor, así, sin miramientos y yendo contracorriente, afirma que no soporta tal enseñanza, pues considera que la causa por la cual muchas personas no llegan a tener libertad de espíritu es por no gozar de la dulce compañía de Jesús [3]. Así, no traer a la memoria y a la imaginación la santa humanidad de Cristo, dice ella: “no lo puedo sufrir” [4]. En otro lugar, “espeta” a los que desean los frutos de su oración pero no colaboran: “si le ponemos muchos tropiezos y no ponemos nada en quitarlos, ¿cómo ha de venir a nosotros? ¡Y queremos nos haga Dios grandes mercedes!” [5] 

   Esta naturalidad y levedad para tratar sobre cosas serias es el tono de su autobiografía y ciertamente es un rasgo de su personalidad, sin embargo, podríamos arriesgarnos a decir que es fruto también de una relación muy familiar con Dios. Esta familiaridad se muestra en su definición de oración: “oración mental, a mi parecer, [es] tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” [6]. 

   Santa Teresa sufrió mucho en su vida: vivió un largo periodo de mediocridad en los inicios de su vida religiosa, pasó por una purificación interior muy fuerte para ir madurando espiritualmente, tuvo enfermedades, incomprensiones dentro y fuera de la comunidad, dificultades y muchos trabajos para sacar adelante sus fundaciones, persecución de la inquisición, y tantas otras cosas.  Pero llama la atención que aun cuando relata estas situaciones dolorosas, ella lo hace mirando todo con los ojos de Dios y es esta mirada la que le permitió narrar su vida con tanta naturalidad. 

   Que el testimonio de Santa Teresa de Jesús nos ayude a que también nosotros seamos capaces de asumir las dificultades y los dolores de nuestras vidas con buen humor, naturalidad y mucha confianza en el Señor, el dueño de nuestras vidas.


REFERENCIAS:

  1. BENEDICTO XVI, Santa Teresa de Jesús, Audiencia General, 2 de febrero de 2011 en https://shorturl.at/aiMS5
  2. PABLO VI, Homilía por ocasión de la proclamación de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia en https://shorturl.at/imnxK
  3. Cf. SANTA TERESA DE JESÚS, Libro de la vida, 22, 5.
  4. Ibid., 22,1.
  5. Ibid., 8,9.
  6. Ibid., 8,5.

*Lícia Pereira es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y en este momento reside con su comunidad en Brasil. 

 

 


La santidad juvenil: el testimonio de Chiara Luce y Carlo Acutis

La santidad juvenil: el testimonio de Chiara Luce y Carlo Acutis

Por Lícia Pereira de Oliveira, f.m.r*

“En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad” [1]. Estas palabras de la Constitución Lumen Gentium son muy conocidas, y recuerdan que la santidad es un llamado universal y que todos, sin ninguna excepción, son llamados por Dios a “ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Ef 1,4), pues Él que inició “la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús” (Fl 1,6). La santidad es obra de Dios, depende de Dios y su único obstáculo es el rechazo a Él y a sus mociones.

Y por ello que, cuando un muchacho o una muchacha comienza a vivir más de acuerdo con el Evangelio no hay que pensar que son muy jóvenes para asumir compromisos tan serios, pues hay quienes sí son capaces de asumir maduramente una vida fundada en Dios:

Muchos jóvenes se preocupan por su cuerpo, procurando el desarrollo de la fuerza física o de la apariencia. Otros se inquietan por desarrollar sus capacidades y conocimientos, y así se sienten más seguros. Algunos apuntan más alto, tratan de comprometerse más y buscan un desarrollo espiritual. San Juan decía: «Les escribo jóvenes porque son fuertes, porque conservan la Palabra de Dios» (1 Jn 2,14). Buscar al Señor, guardar su Palabra, tratar de responderle con la propia vida, crecer en las virtudes, eso hace fuertes los corazones de los jóvenes.[2]

El 6 de agosto, día de la Transfiguración del Señor, el Papa Francisco dio por clausurada la 38ª Jornada Mundial de la Juventud con una Misa en la que participaron aproximadamente 1.5 millones de jóvenes venidos de todas partes del mundo. El deseo de dar testimonio de su fe en Cristo es lo que lleva a ellos y a tantos otros jóvenes católicos a anunciar, con alegría, que “Nuestro Dios ilumina. Ilumina nuestra mirada, ilumina nuestro corazón, ilumina nuestra mente, ilumina nuestras ganas de hacer algo en la vida, siempre con la luz del Señor”[3].

Es a causa de la certeza de la presencia luminosa de Dios en nuestras vidas que el “corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio”[4]. Quisiera entonces mencionar dos testimonios muy actuales de santidad juvenil: la beata Chiara “Luce” Badano (1971-1990) y el beato Carlo Acutis (1991-2006).

Chiara fue una joven italiana que desde edad temprana se unió a los Focolares y vivió su fe de manera comprometida junto a otros jóvenes. A los 17 años fue diagnosticada con osteosarcoma, una forma rara y agresiva de cáncer óseo y a pesar de enfrentar un tratamiento doloroso y la perspectiva de la muerte, Chiara mantuvo su fe y su alegría, convirtiendo su sufrimiento en una ofrenda a Dios: “Ves, ya no me queda nada, pero tengo todavía mi corazón, con el cual puedo amar”[5]. Chiara falleció a la edad de 19 años y su beatificación fue el 25 de septiembre de 2010; el Papa Benedicto XVI, días después de la ceremonia la propuso como un ejemplo a seguir:

Os invito a conocerla […] Diecinueve años llenos de vida, de amor y de fe. Dos años, los últimos, llenos también de dolor, pero siempre en el amor y en la luz, una luz que irradiaba a su alrededor y que brotaba de dentro: de su corazón lleno de Dios. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo puede una muchacha de 17 o 18 años vivir un sufrimiento así, humanamente sin esperanza, difundiendo amor, serenidad, paz, fe? Evidentemente se trata de una gracia de Dios, pero esta gracia también fue preparada y acompañada por la colaboración humana: la colaboración de la propia Chiara, ciertamente, pero también de sus padres y de sus amigos.[6]

Carlo Acutis fue un adolescente italiano conocido por su devoción religiosa y su talento en la informática. Es especialmente reconocido por la creación de un sitio web que catalogaba y promovía milagros eucarísticos alrededor del mundo. Desde pequeño mostró una profunda devoción a la Eucaristía y a medida que crecía, desarrolló habilidades en la informática y comenzó a utilizar su conocimiento tecnológico para promover la fe y aumentar la conciencia sobre la presencia real de Jesús en las especies eucarísticas.

Carlo murió a la edad de 15 años debido a una leucemia que le quitó la vida en pocos días; fue beatificado el 10 de octubre del 2020. El Papa Francisco al día siguiente de la beatificación dijo a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro:

Ayer, en Asís, fue beatificado Carlo Acutis, un muchacho de quince años, enamorado de la Eucaristía. No se instaló en una cómoda inmovilidad, sino que comprendió las necesidades de su tiempo, porque en los más débiles veía el rostro de Cristo. Su testimonio indica a los jóvenes de hoy que la verdadera felicidad se encuentra poniendo a Dios primero y sirviéndole en los hermanos, especialmente en los últimos. ¡Un aplauso para el nuevo joven beato millennial![7]

Chiara y Carlo tuvieron una vida muy corta pero vivieron intensamente. Contemplemos su testimonio, pues el “bálsamo de la santidad generada por la vida buena de tantos jóvenes puede curar las heridas de la Iglesia y del mundo, devolviéndonos a aquella plenitud del amor al que desde siempre hemos sido llamados: los jóvenes santos nos animan a volver a nuestro amor primero” (cf. Ap 2,4).[8]


Referencias:

  1. 1 CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium39 
  2. 2 FRANCISCO, Exhortación apostólica post-sinodal, Crhistus vivit, a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios158. 
  3. ID., Homilía en la Santa Misa para la Jornada Mundial de la Juventud, 6 de agosto de 2023 en https://rb.gy/a3n9v
  4. Ibid., 49. 
  5. Frase tomada de Chiara Luce Badano, Life, Love, Light in https://tinyurl.com/56bzwehn acceso el 11 de agosto de 2003 
  6. BENEDICTO XVI, Discurso en el encuentro con los jóvenes y a las familias en Palermo, 3 de octubre del 2010 en https://tinyurl.com/4637kruy
  7. FRANCISCO, Angelus11 de octubre de 2020, en https://tinyurl.com/mzy3yjn4
  8. 8 SÍNODO DE LOS OBISPOS, XV Asamblea General Ordinaria, Los Jóvenes, la Fe y el discernimiento vocacionalDocumento Final167 en https://tinyurl.com/mrseum52

* Lícia Pereira es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y en este momento reside con su comunidad en Brasil.

 


“En Courage he encontrado hermanos de esos que no da la sangre, sino el Espíritu” - Testimonio de Fulton

“En Courage he encontrado hermanos
de esos que no da la sangre, sino el Espíritu”
Testimonio de Fulton


Hola, mi nombre es Fulton Javier, tengo 38 años de edad, soy nicaragüense y fui bautizado católico cuando era niño. Hoy quiero compartirles un resumen de mi vida, un testimonio un poco generalizado de lo que he vivido y lo que Jesús, el Señor, permite para bien de los que le aman.  

Vengo de una familia de cinco hermanos, fui criado por mi madre y abuelita, ante la ausencia de una figura paterna. Si bien se sabe que entre hermanos todos pueden ser diferentes como agua y aceite aun viniendo del mismo vientre materno, yo desde muy pequeño recuerdo haber sido diferente. Fui un niño un poco más delicado tanto para el trato, como en mi manera de expresarme, así como mis formas de convivencia y de relacionarme con los demás. Esta manera de comportarme, pues así era y soy, ocasionó una serie de experiencias negativas que hoy Dios quiere que las comparta con ustedes.

Debido a mi comportamiento delicado y gentil cuando era niño, desde los primeros grados escolares sufrí mucho bullying. Quizá algunos han escuchado lo “creativo” que es el lenguaje nicaragüense para referirse a personas con algunos comportamientos similares a los míos. Quizá ustedes también se han expresado así de alguien. Algunas de las palabras que vienen a mi mente son: maricón, cochón, degenerado, fallado. Ufff … y a medida que pasaban los años el lenguaje empeoraba:  sucio, mierda, traga... Ya en la universidad: el que me llamaran gay era lo menos ofensivo, porque ahí las etiquetas y lo bilingüe del ambiente predomina y se luce, naturalmente. Y si el bullying venía de algún otro cristiano o católico, escuchaba expresiones como: “hijo del diablo”, “merecedor del infierno”, “miserable”. En fin, este tipo de insultos y maneras de definirme fueron el pan de cada día desde muy pequeño, y me lo fui creyendo a medida que iba creciendo porque venían constantemente de todas partes. A pesar de que nunca tuve algún tipo de relación con alguien del mismo sexo en años escolares, ni di razones para el escándalo, solo era mi presencia un tanto más formal y educada la que agitaba el machismo y el prejuicio de muchos jóvenes y adultos.

Como les comparto, de niño siempre fui educado, aplicado, respetuoso. Todo esto en el mundo fue visto por algunos como algo débil y como blanco fijo para ser objeto de abuso. Fue a los seis años que sufrí mi primer abuso sexual. Fue en mi sexta Navidad, mientras había un festejo de Noche Buena en familia, donde un conocido aprovechó el ruido y las distracciones de todos los adultos y me obligó a ser violentado sexualmente por él, todo a la fuerza y con amenazas. Ese hecho quedó en el silencio porque fui amenazado y porque nadie tuvo la delicadeza de ver que algo había pasado conmigo. Yo estaba traumado sin entender nada. El abusador me dijo: “¿viste? Es lo que merecías, es lo que te gusta”. Yo no creo que a un niño de seis añitos le pueda gustar esta violencia sexual, o incluso pueda pensar a tan tierna edad lo que ello significaba. Les cuento que -a pesar de este momento traumático que viví- Dios en su infinito amor ha logrado que yo ame la Navidad- amo el misterio de mi Salvador que baja del cielo para salvarme y darme vida en Él. Aquella Navidad recuerdo haber llorado ante el pesebre, un llanto que nadie entendió.

En los años de secundaria el bullying se intensifica. Esta vez ya adolescente de 11 o 12 años, fui abusado nuevamente por un adulto mayor que vivía una temporada en mi casa porque era amigo de la familia. En los días que me dejaban cuidando a mí solo la casa, este hombre aprovechaba y el abuso sexual fue aún más traumático. Recibí golpes y fui muy agredido, siempre amenazándome a guardar silencio y seguir la vida como que nada pasó. Fueron dos años viviendo así. A esa edad, yo ya pensaba y estaba seguro de que no servía para nada y no valía nada. 

Después de cumplir 16 años fui a mi primer retiro católico. Fue en ese retiro que escuché por primera vez la verdad más grandiosa que existe sobre cada ser humano: “soy hijo de Dios”. Después de ese retiro, me aferré a esa verdad, a pesar de que no la comprendía, pues no me sentía hijo, pero me abracé muy fuerte a esa verdad tan profunda.  A partir de eso comencé un proceso de sanación: estuve con psicólogos, psiquiatras, exorcistas, y me sometí a terapias -algunas de ellas muy torturadoras; buscaba entender por qué yo era así. Quería entender por qué si era hijo de Dios, me sentía como una cosa mala. Ya a mis 16 años entendí que vivir la castidad era una forma de agradar a mi Padre, de ofrendar algo bueno a mi Padre. Entendí y practiqué la castidad como costumbre y no como virtud pues aún me odiaba a mí mismo “por ser como era”.

La universidad llegó y trajo consigo muchas experiencias. La atracción al mismo sexo se agudizó, creo que todo influía: el ambiente, las amistades, las fiestas, las etiquetas que dicen que “no hay nada de malo en ser gay”, o la tan conocida frase “love is love”. Ésta es la mentira más grande disfrazada de bien, pues “amor NO es amor” cuando te aleja de la Fuente de todo bien, cuando te hace odiarte a ti mismo y a Dios y sus designios. “Dios es Amor y quien permanece en el Amor permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4, 6). Esto es muy contrario a “love is love”. Ese tiempo fue muy difícil, me hundí viviendo por años en la promiscuidad total, pero al mismo tiempo mi alma seguía clamando “¡soy hijo de Dios!”. Fueron años de un peregrinar con caídas y levantadas. Mis grandes herramientas espirituales fueron: siempre el rezo del rosario, María Santísima trayéndome de vuelta a Jesús, a mi casa, como el hijo pródigo una y otra y otra vez; la constante comunión y recepción del Santísimo Sacramento, asistiendo a la Misa diaria, que nunca he dejado; la confesión, el proceso de sanación más relevante que puedo identificar en mi vida, mi fortaleza, mi guía segura.

Retomaba la castidad por años y tenía recaídas. Algunas veces las recaídas ocurrieron por largo tiempo, hasta que en un momento Dios puso en mi camino el apostolado Corazón Puro y el apostolado Courage, acompañado y dirigido espiritualmente por los Frailes Franciscanos de la Renovación, quienes comunican la misericordia de Dios. Fue entonces cuando entendí que “¡soy hijo de Dios!”, que fui creado para amar y ser amado, y fue viviendo una vida de castidad que el Amor me lo explicó todo.

En Corazón Puro aprendí sobre las delicias de la virtud de la castidad y en el apostolado Courage recibí el acompañamiento espiritual, el poder sentirme aceptado, entendido, acogido tal cual soy con mis complejas dudas, como dice nuestra tercera meta: “nos aseguramos de que nadie más tendrá que enfrentar solo los problemas (dilemas) de la homosexualidad”. En Courage también puedo vivir lo que decimos en la cuarta meta: “reconocemos que las amistades castas son necesarias en una vida cristiana”. En nuestro capítulo de Courage he encontrado hermanos, de esos que no da la sangre sino el Espíritu, hermanos que están conmigo a pesar de la distancia y, aunque a muchos no los conozco en persona, están presentes en la oración, con su apoyo en todo momento. A todos estos hermanos y al apostolado mismo los defino como misericordia de Dios para mi vida. "Miserando atque eligendo", que quiere decir “lo miró con misericordia y lo eligió” y me trajo a este apostolado, me trajo a Courage. 

También he entendido que “la auténtica felicidad exige valentía” (San Juan Pablo II) y es eso lo que quiero hoy quiero hacer: invitarles a vivir la aventura de Dios con valentía. Cristo me sacó literalmente de un vicio de promiscuidad sexual, de relaciones tras relaciones buscando amor auténtico, de días y noches buscando en calles y parques placeres vacíos de bien y de dignidad. Cristo fue quien lo hizo, y por eso no soy mejor, pero estoy caminando en esta propuesta de amor aalvífico que Jesús nos hace. 

Por muchos años me pregunté: ¿Por qué a mí Señor?, ¿por qué a mí me sacaste de ese mundo oscuro de la promiscuidad? Y yo aún sigo viendo tantos otros amigos y conocidos que siguen en aquellos lugares donde yo estuve lejos de Dios. Pero fue el día en el que di mi testimonio de vida por primera vez en un retiro de Corazón Puro que lo entendí, que dios me habló al corazón. Permitiste que yo pudiera regresar a Ti para que pueda compartir las obras maravillosas que Tú puedes obrar en uno. Para que Tú te me uses como un instrumento y puedas atraer a otros hijos a compartir esta bendición de misericordia y verdad. "Miserando atque eligendo", este lema del papa Francisco lo hago mío porque me habla mucho al corazón. 

Por último, quiero alentarlos a que acudan siempre a los sacramentos que son sanación y fortaleza, acudan siempre a María Santísima, a San José (Ite ad Joseph), casto por excelencia, y verán cuan bueno es Dios.  Rodéense de amistades castas, las amistades castas no son solamente necesarias, sino que nos ayudan a fortalecernos en este peregrinar de vida.

“Insinuar que es imposible que las personas con atracción al mismo sexo vivan en castidad es negar que Jesucristo resucitó de entre los muertos”.

Cardenal Francis George

¡GLORIA A DIOS!


El Sagrado Corazón de Jesús según santa Gertrudis, la Grande: Los latidos del Corazón de Jesús y la salvación de los pecadores

El Sagrado Corazón de Jesús según santa Gertrudis, la Grande:
Los latidos del Corazón de Jesús y la salvación de los pecadores

Lícia Pereira de Oliveira, f.m.r*

Cuando se habla del Sagrado Corazón de Jesús, inmediatamente se piensa en Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) y es natural que sea así, pues a ella debemos la difusión de la devoción. Sin embargo, en el siglo XIII vivió una monja benedictina, Gertrudis, la Grande, que en su obra El Mensajero de la Ternura Divina, presenta una espiritualidad centrada en la unión con el Corazón Divino de Jesús [1]. Gertrudis es una de las tres místicas del Monasterio de Helfta [2], Alemania, y su espiritualidad es precursora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

No contamos con muchos datos biográficos sobre ella, pero sabemos que la fecha de su nacimiento fue el 6 de enero de 1256 y que a los 5 años fue dejada en el monasterio. Y también conocemos la fecha de su muerte, el 17 de noviembre de 1301 o 1302. Sin embargo, a pesar de que se haya conservado tan poca información sobre ella, su doctrina espiritual mereció ser recogida. Las religiosas, por orden de la superiora en aquel entonces, se preocuparon en recolectar los dichos, consejos y experiencias de Gertrudis y redactaron cinco libros [3]. Además, también contamos con la obra Los Ejercicios que es una compilación de sus palabras.

Gertrudis es un personaje valioso para la Iglesia y el Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General dedicada a ella, dijo que su pensamiento influyó de modo singular en la espiritualidad cristiana y que era “una mujer excepcional, dotada de particulares talentos naturales y de extraordinarios dones de gracia, de profundísima humildad y ardiente celo por la salvación del prójimo, de íntima comunión con Dios en la contemplación y de prontitud a la hora de socorrer a los necesitados” [4].

Su doctrina espiritual es muy rica, ella escribió sobre el don de la Gracia; sobre la centralidad de la Santísima Trinidad; sobre la Encarnación del Verbo y la Redención; sobre los misterios de la vida de Jesús, con especial atención a su Corazón Divino; sobre la misión maternal de María “mediadora del Mediador” [5]; sobre la centralidad de la Eucaristía y la comunión eucarística como encuentro místico con Jesús; sobre la disponibilidad hacia el hermano como fruto de la unión con el Señor y sobre la preocupación apostólica por la conversión de los pecadores [6].

Dado que no es posible ahondar en todos los temas, quisiera, aunque en modo muy sucinto, presentar una de sus experiencias místicas con el Corazón Divino [7]. Un día en el que estuvo enferma, nuestra santa se quejó de que no podía escuchar el sermón dominical, al que el Señor le respondió: “¿Quieres, carísima, que te predique yo?”, Gertrudis accedió y percibió que Jesús la acercaba a Él de forma tan íntima que “sintió en el Corazón del Señor dos latidos admirables y sumamente suaves”. Él luego le explicó el significado de los dos latidos: el primero representa “la salvación de los pecadores” y con este latido el Corazón Divino, en primer lugar, habla “sin cesar a Dios Padre” para obtener la misericordia para los pecadores (cf. 1Jn 2,1), habla a todos sus santos exhortándolos a orar fielmente por los que viven en pecado y finalmente habla también al mismo pecador para llevarle “misericordiosamente al arrepentimiento”. El segundo latido se refiere a la salvación de los justos y con él, el Corazón de Jesús se regocija con el Padre por estar en los corazones de los fieles, palpita de alegría con todos los santos y los ángeles del Cielo por los fieles que le muestran “gratitud por todos los beneficios” concedidos y por conceder, y finalmente, invita a los cristianos “de distintas maneras con gran ternura a progresar día tras día, hora tras hora con perseverancia” en la fe. Jesús concluyó su revelación con las siguientes palabras:

Así como el latir del corazón humano no se interrumpe por la mirada, el oído o cualquier trabajo humano, y nada le impide seguir su ritmo, del mismo modo ni el gobierno y ordenación del cielo, de la tierra, de todo el universo podrá suspender, temperar o impedir por un instante hasta el fin del mundo estos dos latidos en mi Corazón divino.

La vía mística de Gertrudis puede ser muy diversa de los caminos que los cristianos ordinariamente recorremos, pero, no por ello su experiencia es inasequible a nosotros, el entoces Papa Benedicto XVI destacó muy bien la actualidad de esta gran mujer y las luces espirituales que podemos adquirir con su experiencia:

Me parece obvio que éstas no son solo cosas del pasado, históricas, sino que la existencia de santa Gertrudis sigue siendo una escuela de vida cristiana, de camino recto, y nos muestra que el centro de una vida feliz, de una vida verdadera, es la amistad con Jesús, el Señor. Y esta amistad se aprende en el amor a la Sagrada Escritura, en al amor a la liturgia, en la fe profunda, en el amor a María, para conocer cada vez más realmente a Dios mismo y así la verdadera felicidad, la meta de nuestra vida [8].


Referencias:
1. Gertrudis no habla del “Sagrado Corazón”, sino del “Corazón Divino” de Jesús.

2. Las otras dos místicas de Helfta son: Matilde de Hackeborn y Matilde de Magdeburgo. La primera es autora de El Libro de la gracia especial, la morada del corazón y la segunda de La Luz Divina que ilumina los corazones. Las obras de las tres monjas fueron publicadas por el Editorial Monte Carmelo en la colección «Biblioteca Cisterciense».

3. Gertrudis escribió solamente el Libro II.

4. BENEDICTO XVI, «Santa Gertrudis», Audiencia General 6 de octubre de 2010 en https://shorturl.at/acyQW

5. SANTA GERTRUDIS DE HELFTA, El Mensajero de la Ternura Divina. Experiencia de una mística del s. XIII, Tomo I, Libro 1-3; Monte Carmelo, Burgos, 2013, L.II, 7,1, p. 154.

6. Cf. GUTIÉRREZ VESGA, D., «Introducción», in Ibid., p. 30-31. 

7. La exposición que sigue está en SANTA GERTRUDIS DE HELFTA. Op. cit., L. III, 51,1-2, p. 369-370.

8. BENEDICTO XVI, op. cit.  


* Lícia Pereira es laica consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y en este momento reside con su comunidad en Brasil.


«Responder con determinada determinación» Testimonio de una mujer miembro del capítulo Courage en línea


«Responder con determinada determinación»
 
Testimonio de una mujer miembro del capítulo Courage en línea


Todo el caminar en mi historia y mi vida será expuesto y compartido con ustedes con gran sinceridad a través de estas líneas.

Mi vida es un gran milagro. Gracias al sí de mi mamá, hoy por hoy estoy respirando. Ella sufría de un problema cardíaco y los médicos le aconsejaron no quedar nuevamente embarazada porque su vida y la mía corrían mucho riesgo. Sin embargo, su decisión fue seguir con el embarazo. Nací, pero ella quedó muy frágil y siete meses después sufrió un paro cardíaco, fue así que mi hermana mayor y yo quedamos bajo la custodia de nuestros abuelos maternos porque mi padre tuvo que ir a trabajar a otro lugar y, después de un tiempo, formó una nueva familia. Así transcurrieron nuestras vidas, crecimos y fuimos educadas por nuestros abuelos.

Cuando tenía 7 u 8 años, pasó algo que me marcó: fui abusada. Desde ese momento, todo lo llevé a mi inconsciente, pero también al consciente de una niña que fue despojada de su inocencia. Empecé a armar una coraza enorme para que nadie me hiciera más daño y con eso conviví mucho tiempo, y me convertí en una mujer con una apariencia varonil. Esta apariencia se reflejaba en aspectos de mi vida como el vestir, mi corte de cabello, mi actuar, que era como el de un hombre. Todo eso me hacía sentirme protegida y, hasta ese entonces, nadie de mi familia sabía lo que yo había vivido de niña.

Así pasó el tiempo y mi vida poco a poco se fue transformando en un fracaso; fui cayendo en el descontrol y los vicios. Sentía mucho la ausencia de mis padres, sentía mucha soledad. Este vacío interior me llevó a buscar lugares donde supuestamente me sentiría protegida y querida. Fue a partir de ello que empecé a pensar y preguntarme “¿por qué me siento más a gusto con mujeres que con hombres?” Y la respuesta fue: “me atraen las mujeres más que los hombres”. Desde entonces, empecé a buscar en las redes sociales cómo era la vida de alguien que sentía lo que me estaba pasando. De tanto indagar, encontré a una mujer y me dejé seducir, sobre todo, por su feminidad. Ella tenía lo que yo no tenía … era femenina. Eso me enamoró y empezamos a tener una relación que duró casi tres años. Pero en esa relación tampoco me sentía totalmente feliz, siempre me faltaba algo, y hoy puedo decir que “ese algo” era Dios.

Después de tres años terminé esa relación y caí en una fuerte depresión. Fue entonces cuando retorné a Dios Padre como en la parábola del “hijo pródigo”. Fueron tiempos de batalla, de encontrarme conmigo misma, de conocerme y realmente tener una conversión total. En este caminar, Dios me puso a una persona que me escuchó y empezó a ayudarme y de quien por primera vez escuché sobre la pastoral “Courage”. Me dijo “busca allí que encontrarás la respuesta”. Empecé a leer sobre Courage en su sitio web, pero al mismo tiempo sentía resistencia en mí y dejé que otra vez el tiempo pasara y no me comuniqué con el apostolado.

Lo bueno fue, que mientras el tiempo pasaba, siempre Dios estuvo presente y yo dispuesta a escucharlo. Empecé a recibir terapia y a tener un guía espiritual para sostenerme, para ayudarme en mi caminar de vida cristiana, en mi vida de oración. Sin embargo, mi conversión no era del todo sincera. Empecé a tocar nuevamente fondo justo durante la pandemia. En esos meses, el virus terminó con la vida de muchas personas, entre ellas la persona a quien yo más amaba, mi abuela. Ese dolor tan hondo en mi corazón me llevó a cuestionar por completo mi experiencia de atracción al mismo sexo. Desde ese momento, decidí que solo me esforzaría por ser santa para encontrarme algún día en el cielo con mi abuela y con Dios.

Lo primero que hice fue conectarme con Courage y al instante tuve respuesta; desde allí empecé a buscar y caminar hacia la santidad. Son ya casi dos años que voy caminando con el apostolado en el capítulo online para mujeres. Ahí encuentro el acompañamiento espiritual, la escucha, y continúo con mi sanación personal. En cada reunión de Courage se nos anima a ser valientes, nos ayudan con la oración y nos alientan a desear ser libres, verdaderamente libres, como Dios nos creó. ¡LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES! ¡Es así!

Hoy por hoy esas heridas y vacíos se han transformado en sanación interior y exterior.

Cuando uno desea lo que hay en el corazón y le pide a Dios con fe, Él concede a su tiempo lo que necesitamos. En nosotros está responder como nos dice Santa Teresa de Jesús, con “determinada determinación”, es decir, decidirse y seguirlo. Él jamás nos dejará solos.

Norma
Formosa, Argentina – Capítulo Courage en línea