Courage es un grupo de católicos que experimentan atracciones hacia el mismo sexo (AMS) y que están comprometidos a ayudarse unos a otros para vivir una vida casta marcada por la oración, hermandad y apoyo mutuo. Nuestros miembros son guiados por sacerdotes capellanes, quienes ofrecen reconciliación y dirección espiritual.

Juntos se esfuerzan por vivir las Cinco metas de Courage, que fueron establecidas por el primer grupo de Courage en Nueva York en 1980. Estas metas guían aun todas las reuniones y el apostolado:

  1. Castidad: Vivir vidas castas conforme a las enseñanzas de la Iglesia Católica respecto a la homosexualidad.
  2. Oración y dedicación: Dedicar enteramente nuestras vidas a Cristo a través del servicio a los demás, la lectura espiritual, la oración, la meditación, la dirección espiritual individual, la asistencia frecuente a Misa y la recepción frecuente de los sacramentos de la Reconciliación y de la Santa Eucaristía.
  3. Hermandad: Fomentar un espíritu de hermandad en el cual poder compartir unos con otros pensamientos y experiencias, asegurándose así de que ninguno de los miembros tenga que enfrentar los problemas de la homosexualidad solo.
  4. Apoyo: Estar conscientes de que las amistades castas no solamente son posibles, sino necesarias para llevar una vida cristiana casta; y alentarse mutuamente para iniciar y mantener esas amistades.
  5. Buen ejemplo/testimonio: Vivir la vida de tal manera que sea un buen ejemplo y modelo para los demás.

Estas son algunas de las enseñanzas de la Iglesia que particularmente guían el apostolado:

    • El Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 2333 and 2357-2359

EnCourage fue fundado en 1990 para ofrecer apoyo espiritual a padres, esposos y otros seres queridos de personas que tienen relaciones homosexuales.  En muchos casos, los miembros de EnCourage se sienten divididos entre aceptar a sus seres queridos que experimentan atracciones al mismo sexo y mantenerse fieles a las enseñanzas de la Iglesia Católica respecto a la moralidad de los actos homosexuales.

Guiados por capellanes compasivos y apoyándose unos a otros, los miembros de EnCourage se esfuerzan por vivir las Cinco Metas de EnCourage:

 

  1. Crecer espiritualmente a través de la lectura espiritual, la oración, la meditación, la dirección espiritual individual, la asistencia frecuente a Misa y la recepción frecuente de los Sacramentos de la Reconciliación y la Santa Eucaristía.
  2. Comprender de manera más profunda las necesidades, dificultades y retos que experimentan los hombres y mujeres con AMS.
  3. Establecer y mantener una relación sana y honesta con los seres queridos que tienen AMS.
  4. Ayudar a otros miembros de la familia y amigos a acercarse con compasión y verdad, y no rechazar a sus seres queridos que experimentan AMS.
  5. Dar testimonio, a los seres queridos, con las propias vidas, de que la plenitud se encuentra en Jesucristo, a través de Su Cuerpo, la Iglesia.

«Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición». (Catecismo de la Iglesia Católico, 2358)

Aceptar a una persona significa que la amamos y acogemos con todas sus fortalezas y debilidades.  Cuando llegamos a conocer las debilidades de una persona, debemos ser sensibles a sus vulnerabilidades y mostrar compasión.  Si otros se burlan o la juzgan mal por sus debilidades, debemos ser los primeros en salir a la defensa de esa persona.

El aceptar a otra persona humana no significa necesariamente que estemos de acuerdo con todas sus decisiones.  A veces, el amor nos exige expresar nuestras discrepancias.  Por ejemplo, un católico practicante no puede, en buena conciencia, asistir a un casamiento entre personas del mismo sexo, pues esto implicaría la aprobación de una unión que la fe nos enseña es contraria al plan de Dios para los seres humanos.

Tenemos muchas oportunidades llegar y mostrar nuestro amor y preocupación por los demás.   Entre más tiempo dediquemos a la oración y a esforzarnos en hacer crecer nuestra relación con Cristo, el Espíritu Santo llenará más nuestros corazones de amor, comprensión y paciencia.  Nuestro ejemplo de amor y aceptación podría atraer a las personas a nuestro alrededor al gozo y salvación que hemos encontrado en Jesucristo y en las enseñanzas de Su Iglesia.

Vea también:

La bondad de la intimidad sexual nace de su orden hacia la permanencia, la fidelidad, la unión procreativa del acto marital; es decir, la unión sexual entre marido y mujer (CCC 2360-2379).  El término «objetivamente desordenado» es un término filosófico.  Se utiliza para describir atracciones homosexuales, pues éstas nunca conducirán a un acto sexual moralmente bueno.

La atracción de un hombre hacia una mujer o de una mujer hacia un hombre, es objetivamente ordenada hacia esta unión marital, aunque en algunos casos podría ser desordenada debido a deseos lujuriosos, promiscuos o adúlteros.  Sin embargo, las atracciones homosexuales nunca apuntan hacia la unión sexual de los esposos que son complementarios en su naturaleza y cuya unión puede llevar a la procreación de nuevos seres humanos.  En todos los casos, van en contra del orden propio de un querer y obrar que ha sido heredado en nuestra naturaleza humana, creada y redimida por Dios.

Ver también:

El Padre John Harvey (fundador de Courage y EnCourage) y los primeros miembros de Courage fueron inspirados por los famosos «Doce pasos» de Alcohólicos Anónimos y se dieron cuenta que esta aproximación era muy útil en su búsqueda por vivir las Cinco metas de Courage. Muchos de los grupos de Courage (aunque no todos) usan los Doce pasos para enfocar sus esfuerzos a crecer en el conocimiento personal y en santidad, como individuos y como grupo.

 

Hay muchas conexiones entre los Doce pasos y una aproximación espiritual católica para crecer en la virtud.  Por ejemplo, los primeros tres pasos dan respuesta a la fragilidad humana («Admitimos que éramos impotentes…») en una total entrega a la providencia y el poderoso amor de Dios («Llegamos a creer» y «decidimos poner nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios»).  Son eco del sentimiento expresado por San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios: «(Dios) me dijo, “mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobretodo en las flaquezas… pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte» (2 Cor 12, 9-10).

 

Los siguientes cuatro pasos consisten en la importancia de reconocer y admitir cuán pecador es uno.  La profunda naturaleza de los pecados relacionados con la sexualidad –fornicación, pornografía, masturbación, lujuria– frecuentemente lleva a la persona apegada a éstos a experimentar una gran vergüenza que la conduce a una soledad tal que hace muy difícil poder dejarlos.  Cuando la persona se hace responsable de su propio pecado y se arrepiente de ellos –en confesión o a través de conversaciones sinceras con buenos amigos– se vive una honda experiencia de libertad.  Esta libertad interior es el principio de una nueva integridad y habilidad para enfrentar pruebas diarias y tentaciones contra la paz y perseverancia.

 

Nuestros pecados no solo nos afectan a nosotros mismos. Es en este momento que llegamos a los pasos ocho y nueve en los que se reconoce el impacto que las decisiones pecaminosas tienen en otras personas.  El deseo de buscar el bien de los demás y de arreglar el daño que nuestro pecado ha causado, es un poderoso antídoto para el egoísmo propio de la lujuria y los pecados sexuales. Algunas veces este acto de caridad se manifiesta a través de conversaciones de sanación y relaciones transformadoras con familiares y amigos. En otros casos adquiere otras formas indirectas como la oración por seres queridos ya fallecidos o la intercesión por aquellos que están atrapados en la cultura de la lujuria y la promiscuidad desenfrenada en la sociedad secular de hoy en día.

 

El paso diez nos recuerda que la batalla por la santidad y la virtud de la castidad debe ser enfrentada a diario. Y el paso once sugiere la oración y meditación constante para pedir la voluntad de Dios como fundamento de todos nuestros esfuerzos. Los Doce Pasos terminan de la misma forma que las Cinco Metas: con una invitación para llegar a los demás siendo buenos ejemplos e invitándolos a experimentar en primera persona la libertad y la paz que la hermandad y el plan espiritual de Courage ofrecen.

 

Históricamente, los Doce pasos fueron escritos para ayudar a aquellas personas con problemas físicos y emocionales consecuencia de su adicción al alcohol. Decir que Courage es inspirado por los Doce pasos no quiere decir que veamos las atracciones sexuales como una enfermedad o adicción, sin embargo, algunos de nuestros miembros enfrentan situaciones de ruptura sexual como apegos compulsivos a la pornografía o comportamiento promiscuo.   El modelo de los Doce pasos puede ser útil para ellos de manera particular, y su subyacente principio espiritual está ciertamente en armonía con las Cinco metas que todos nuestros miembros quieren alcanzar juntos.

Antes que todo, Courage ve a las personas con atracción hacia el mismo sexo como hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios, con vocación a vivir una vida casta y santa a través de una profunda unión con Jesucristo.

 

Algunas personas dicen que identificarse como «gay» o «lesbiana», ya sea en privado o públicamente, significa simplemente que están reco-nociendo que sus atracciones emocionales, románticas y sexuales son predominante y persistentemente hacia el mismo sexo.  Ellos sostienen que estas palabras son simples, pero esencialmente descriptivas de una parte clave de su identidad, y reclaman que la adopción de estas etiquetas son una forma de «adueñarse» de su sexualidad y enfrentar la realidad de «quienes son».  Además, dicen que esas etiquetas no interfieren o disminuyen su compromiso con la castidad.

 

Mientras esto puede ser cierto para algunos, para otros el abrazar la terminología LGBTQ es un gran   obstáculo, por las siguientes razones:

 

  • Los atrae hacia un ambiente más secular, causando una mayor tentación de buscar una relación homosexualmente activa.
  • Los hace más propensos a adoptar las políticas del activismo «gay» que a menudo no concuerda con las enseñanzas morales de la Iglesia, particularmente a las referentes al matrimonio.
  • Los lleva a ignorar o pasar por alto la enseñanza de la Iglesia de que los actos homosexuales son objetivamente desordenados, pues el mundo plantea constantemente la idea de que «todo lo “gay” es bueno».

 

La experiencia de la sexualidad en todos sus matices y sutilezas tiene una gran influencia en nuestra experiencia de vida y en cómo interactuamos con los demás; sin embargo, estaríamos equivocados si centramos nuestra identidad en esas tendencias subjetivas que muchas veces nos pueden abrumar o nos pueden desviar de la permanente presencia del Espíritu Santo.

 

Courage también considera el ejemplo que nuestros miembros adultos y nuestra proyección pastoral proponen a la gente joven, cuyo desarrollo psicosexual está todavía en una etapa de formación.  Etiquetarse así mismo prematuramente podría desesperanzar al joven porque aún está abierto a la posibilidad de cualquier novedad en su desarrollo psicosexual.  También podría generar que esté más vulnerable a la confusión y tentación en las tres formas descritas anteriormente.

 

Es por ello que Courage piensa que es pastoralmente prudente evitar términos que puedan ser obstáculos para otros; por ello alentamos a nuestros miembros que piensen más allá de las etiquetas «gay» y «lesbiana» mientras luchamos juntos por crecer en nuestra identidad esencial como hombres y mujeres formados a la imagen de Dios, creados para la intimidad y unión eterna con Cristo.

Ver también: 

«La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres por medio del “Cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29) y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con Él por “la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28). Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios. Ante todo, es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos consigo. Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor, ofrece su vida a su Padre por medio del Espíritu Santo, para reparar nuestra desobediencia». (Catecismo de la Iglesia Católica, 613-14)

A través de Su sacrificio en la cruz, el Señor pagó el precio de nuestra redención y ofreció su propio Cuerpo y Sangre como una «ofrenda de paz» por nuestras ofensas contra Dios.  Este acto perfecto de reparación continúa en el sacrificio de la Misa, que se hace presente en cada momento y lugar el sacrificio único de Cristo crucificado.

La Iglesia católica enseña que aquellos que creen en Cristo pueden compartir en Su obra de reparación por sus propios pecados y por el de los demás, a través de su devota participación en la Santa Misa y en otras obras de oración y caridad.

El Papa Pío XI se refirió a esta «labor de honorable satisfacción o reparación» al Sacratísimo Corazón de Jesús como una respuesta necesaria al amor de Cristo por nosotros:

«… (que) al amor del Creador responda el amor de la criatura … el de compensar las injurias de algún modo inferidas al Amor increado, si fue desdeñado con el olvido o ultrajado con la ofensa. A este deber llamamos vulgarmente reparación” (Miserentissimus Redemptor, 5).

 

Debido a que las enseñanzas de la Iglesia sobre la castidad y la sexualidad están muy olvidadas en el mundo moderno, algunos miembros de Courage se reúnen a rezar en reparación particularmente por pecados en contra de la castidad.  Al compartir en persona, por teléfono o en Internet, a través de oraciones como el Santo Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia y Horas Santa frente al Santísimo Sacramento, estos Grupos de Reparación de Courage son intercesores a nombre del mundo entero y reciben, también así, la gracia necesaria para enfrentar su lucha diaria para ser castos y santos.

La práctica espiritual de reparación no es lo mismo que las técnicas psicológicas de consejería, conocidas como «terapia reparativa» (por favor lea la siguiente pregunta).

El Evangelio de Juan (2, 25) nos dice que Jesús conocía muy bien el corazón humano, y la Iglesia siempre ha acogido los aportes de las ciencias médicas, psicológicas y sociales para adquirir una comprensión más honda del corazón humano, que es unidad de cuerpo y alma. No existe una aproximación puramente «espiritual» hacia la santidad que no considere la mente humana, las relaciones humanas (especialmente de la familia), y las necesidades del cuerpo humano.

El punto de encuentro auténtico entre la espiritualidad y la psicología con relación a las atracciones hacia el mismo sexo se da en lo que llamamos «terapia basada en la castidad».  Esto está muy lejos de intentar «componer o arreglar» a alguien.  Antes bien, aquellos con una profunda comprensión sobre la forma en que los seres humanos piensan y se relacionan entre sí, han demostrado varias maneras en que los hábitos de afrontar los sentimientos o situaciones, puede hacerlos más susceptibles a sufrir tentaciones o más propensos a buscar gratificación de formas que no son buenas.

 

Algunas personas saben que además de la dirección espiritual y los sacramentos, el poder hablar sobre sus experiencias y su situación actual con alguien que comprenda estas formas de afrontamiento, pensamientos y acciones-–psicólogos y terapeutas bien formados– les ofrecen nuevas percepciones que los ayudan en sus esfuerzos por ser castos.

Courage respeta las decisiones que algunos de nuestros miembros han hecho de buscar ayuda de profesionales calificados para tener una mejor comprensión de sí mismos, sus maneras de ver el mundo y sus relaciones; todo esto puede ayudar en la lucha diaria por la castidad y santidad.   Sin embargo, las reuniones de Courage no son grupos de terapia y a ningún miembro de Courage se le pide tener algún tipo de consejería o tratamiento.

Courage prefiere pensar de sí mismo como un ministerio «pro-castidad».  Muchos de los miembros de Courage nunca se han etiquetado como «gay» antes de venir a Courage.  Esto no quiere decir que no estuviesen conscientes de su experiencia de atracción al mismo sexo, simplemente significa que nunca han elegido de primera mano etiquetarse como «gay», ya sea porque les desagrada el reduccionismo del término «gay», o porque quieren mantener en privado su atracción hacia el mismo sexo.

 

La frase «rezar para que se te vaya lo gay» trae consigo una noción simplista de que una cantidad suficiente de oraciones liberará por siempre y en cualquier lugar a una persona del deseo de intimidad sexual con otra persona de su mismo sexo.  Courage entiende la complejidad de la atracción al mismo sexo.  Los múltiples factores que contribuyen para que se desarrolle tal atracción pueden variar de persona a persona, y algunas personas podrían experimentar atracciones al mismo sexo periódicamente en el transcurso de su vida.

El ministerio de Courage se enfoca en el desarrollo de la castidad interior en unión con Cristo basada en el amor, la disciplina, la santidad y la caridad. Junto a la Iglesia católica, Courage cree que todas las personas están llamadas y son capaces de vivir una vida de castidad y santidad sin importar cuales sean nuestras atracciones o tentaciones, incluso si existen  vunerabilidades particulares  que permanecen a lo largo de  toda la vida.

Cada ser humano es libre pedirle a Dios que lo libere de cualquier debilidad, pero vamos a darnos cuenta que como en San Pablo, Dios permite que permanezcamos débiles en algunas áreas para que contemos más con Su gracia y fuerza,  y crezcamos en humildad. Courage reza con y por todos sus miembros para que crezcan continuamente en su relación con Cristo y reciban todas las gracias y bendiciones que el Espíritu Santo ofrece.  Courage también piensa que la mayor sanación es la unión de un alma con Jesucristo y el continuo retorno de esa alma hacia Cristo pidiendo fortaleza incluso en medio de las debilidades y tentaciones. Debemos esforzarnos por hacer esto día a día, con la ayuda de la oración, los sacramentos, una buena confraternidad y la ayuda espiritual.

Los adolescentes católicos que experimentan atracciones hacia el mismo sexo necesitan encontrar un espacio seguro para hablar con alguien sobre lo que están sintiendo. Sin embargo, muchos jóvenes experimentan una cierta fluidez en cuestión de atracciones sexuales, por eso adoptar una etiqueta a tan temprana edad puede encerrar a un adolescente en una etiqueta o «identidad» particular que podría no ser precisa en el futuro. Por este motivo, Courage no cuenta con grupos para adolescentes y no sugiere que los adolescentes se identifiquen como gay» o «lesbiana».

 

Toda la comunidad católica necesita acoger y acompañar a los jóvenes católicos que experimentan atracciones hacia el mismo sexo. Los padres de familia deben recordar a sus hijos que son amados y aceptados en la familia, y deben también propiciar un ambiente en que sus hijos se sientan seguros para hablar de sus necesidades, deseos y experiencias. Los maestros y los consejeros escolares necesitan presentar las enseñanzas de la Iglesia respecto a la sexualidad, relaciones y la virtud de la castidad de modo claro y compasivo. Los sacerdotes y los ministros de pastoral pueden ayudar a los adolescentes a comprender y vivir las virtudes, así como a discernir el plan de Dios para sus vidas, incluyendo el plan de Dios para su sexualidad y la intimidad sexual. Los terapeutas adecuadamente formados pueden ayudar a los jóvenes a entender mejor sus atracciones sexuales en el amplio contexto de las relaciones, necesidades y deseos, y a integrar su sexualidad en la amplia visión de ser hijos de Dios, creados y llamados para la santidad.

Ver también: 


¿A quién conocería en un grupo de Courage?

Courage es para cualquier persona católica mayor de 18 años que experimenta atracciones hacia el mismo sexo y está comprometido a trabajar para vivir la castidad y apoyar a los demás miembros del grupo que buscan alcanzar la misma meta.

Nuestros miembros representan un amplio sector demográfico con una gran diversidad de experiencias de vida:

  • Desde jóvenes hasta adultos mayores
  • Hombres y mujeres
  • Solteros y casados, algunos con hijos
  • Personas que han estado involucrados en relaciones sentimentales y sexuales con personas del mismo sexo, así como aquellos que no.
  • Personas que han hecho pública su AMS, así como aquellos que se lo han comunicado a muy pocas personas, o incluso a nadie.
    • Personas que han sido católicos practicantes toda su vida y aquellos que han estado alejados de la Iglesia por un largo tiempo, así como personas de otras religiones que se han unido a la Iglesia siendo ya adultos.

De un vistazo a algunos de los testimonios de nuestros miembros y conozca más sobre la amplia diversidad de la comunidad Courage: