La valentía es dolorosa
La valentía es dolorosa
Garrett D. Johnson*
«Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz» (Sabiduría 3, 2-3).
El 5 de mayo, se publicó el informe sinodal final del grupo de estudio número 9. Aunque no se enfocó completamente en el tema de la identidad y la atracción hacia el mismo sexo, hablaré sobre las partes que se enfocan en estos puntos. Se utilizaron tres palabras para describir a quienes sirve el apostolado Courage, así como al apostolado en sí mismo: «solitarios», «deprimidos» y «ocultos». A primera vista, estas palabras parecen tener una connotación negativa, especialmente cuando se ven a través de la mirada de los necios. Nos describen, a quienes sirve el apostolado, como muertos, en cierta manera; y no dudo que eso les parezca.
Pero las apariencias engañan. Para quienes hemos elegido este camino, la verdad es diferente. La vida de quienes experimentamos atracción hacia el mismo sexo y seguimos las enseñanzas que la Iglesia nos invita a abrazar, es una vida de sacrificio que puede ser alegre. «Según sea el carácter del hombre», dijo Aristóteles, «así le parecerán las cosas» (P. Matthew Kauth, La imitación de san José).
El P. James B. Lloyd, C.S.P., uno de los capellanes del apostolado en la Ciudad de Nueva York, que murió a la edad de 103 años, era conocido por preguntarle a los nuevos miembros: «¿Están listos para sufrir?» El P. Benedict Groeschel, C.F.R., escribió en la introducción del libro La persona homosexual [The Homosexual Person], escrito por el P. John Harvey, O.S.F.S., fundador de Courage, que «El verdadero amor debe ser duro a veces porque busca algo para el Amado que está más allá de las apariencias y que es mucho más radical que las necesidades y los deseos del momento pasajero». Asimismo, el P. Harvey dijo que una vida de «oración y la práctica de un plan ascético de vida» es esencial para nuestra salvación. Esta es la realidad a la que quienes elegimos unirnos a Courage decimos sí o no.
Courage es el apostolado de la Iglesia Católica para quienes experimentamos atracción hacia el mismo sexo y elegimos seguir las enseñanzas de la Iglesia. Valientemente elegimos esto en vez de dejarnos llevar por nuestros sentimientos y la mentira de que estos nos definen. Este apostolado ha servido silenciosamente a nuestra comunidad por más de 40 años, ayudándonos a buscar la santidad viviendo las Cinco Metas y los 12 pasos de Courage, que pueden encontrarse en nuestro sitio web: Couragerc.org. El Papa León expresó recientemente su apoyo al apostolado y a nuestro estilo de vida, una vida de formación sacrificial.
La vida es una formación para la eternidad. El tiempo que pasamos aquí en la tierra es un titileo en el radar comparado con la inmensidad inimaginable de la eternidad en la que nuestras almas y, eventualmente, nuestros cuerpos, vivirán. Si no se comprende esto, las pruebas de la vida parecen algo contra lo que hay que luchar y aliviar a toda costa.
Esto explica mucho de la falsa compasión y el relativismo que ha permeado a la sociedad y a la Iglesia en lo que a sexualidad se refiere. También explica la mentalidad detrás de los comentarios sobre Courage y sus miembros, que aparecen en el documento. Traiciona a la realidad, que se muestra claramente en el Antiguo y Nuevo Testamento: «¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero?; como el esclavo, suspira por la sombra; como el jornalero, aguarda su salario» (Job 7, 1-2). «Entonces decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga”» (Lucas 9, 23).
La cruz es un instrumento de tortura, así de claro.Fue creado para matar lenta y dolorosamente. No hay comodidad ni bondad en ella. La guerra —tanto en el tiempo en que se escribieron los libros de la Biblia, así como ahora— es brutal, sangrienta, desmiembra y deja cicatrices psicológicas. En ningún lado se dice que nuestro breve tiempo en la tierra, como discípulos, deba ser cómodo y reconfortante. Esa es una mentira del enemigo que susurranmuchas almas bien intencionadas, incluyendo aquellas citadas en este documento.
Quienes experimentamos atracción hacia el mismo sexo tenemos las palabras claras de la Escritura para guiarnos a saber que nuestros deseos no coinciden con la manera en que estamos llamados a vivir como seguidores de Cristo. Así pues, tenemos dos opciones: o seguimos el camino estrecho trazado para nosotros, o seguimos a quienes, a través de este documento sinodal, nos susurrarán al oído y continuarán la despreciable obra del P. James Martín y sus cómplices para desviarnos del camino, bajo la apariencia de compasión, comprensión y misericordia.
La referencia sobre la terapia reparativa en el reporte sinodal no es precisa. La persona que lo incluyó en el informe podría, simplemente, haberse comunicado con alguien del apostolado para darse cuenta de que eso no es verdad; en vez de eso, eligió perpetuar un estereotipo de nuestra comunidad. Parece probable que esto haya ocurrido para difamar y menoscabar nuestro apostolado.
Como escribí recientemente en un artículo para Crisis, «Gracias a Dios por la Terapia reparativa» [“Thank God for Reparative Therapy”], Courage no promueve terapias de ningún tipo, sino que sigue un modelo de acompañamiento. Como también dije en ese artículo, la terapia ha hecho un gran bien en mi vida. Así que, si bien Courage no la promueve, yo la recomiendo abiertamente de todo corazón.
Solitarios. Esto es un hecho en la vida de muchos que experimentan atracción al mismo sexo dentro y fuera del apostolado. La soledad que experimentamos tiene dos caras. Primero, surge al darnos cuenta de que somos diferentes de la mayoría de los hombres y las mujeres en la sociedad. No son solo nuestras atracciones las que nos hacen diferentes, sino también las heridas psicológicas subyacentesque muchos, si no es que la mayoría de nosotros cargamos. Uno de los sacerdotes asociados a Courage me dijo una vez que no tenía idea de que se iba a encontrar con tanta enfermedad mental cuando fue nombrado capellán. Esto no es algo que se hable a menudo, desafortunadamente, pero es la realidad.
Fuera de la actividad sexual, muchos de nosotros no sabemos cómo interactuar sana y maduramente con personas del mismo sexo. Esto genera soledad. El otro aspecto de nuestra soledad surge de que hemos elegido no involucrarnos en relaciones románticas con personas del mismo sexo.
Por eso, en nuestra soledad, podemos acercarnos a Cristo y unir nuestro sufrimiento al suyo. De ninguna manera digo esto para minimizar el dolor de nuestra soledad, sino para recordarme a mí mismo y a otros que podemos decidir cómo vivirlo yqué hacer con nuestro dolor.
La segunda palabra fue «deprimidos». No niego que la depresión sea un problema para muchos miembros del apostolado Courage. Diría que la condición psicológica de la depresión constituye un problema para muchas personas que abrazan las identidades LGBTQ+. Habiendo vivido como un hombre gay por más de 10 años —trabajando en el sector más gay de lo que se ha convertido en una ciudad que afirma y promueve mucho lo gay, Washington, D.C., por más de 30 años—puedo dar fe de ello. La mayoría de las personas gay que he conocido toman medicamentos psiquiátricos o se automedican con alcohol, drogas u otros comportamientos adictivos.
Lo mismo podría decirse de muchas personas que sienten atracción por personas del sexo opuesto. Si tomara un grupo de mujeres y les preguntara cuántas se sienten deprimidas o solas y digamos que el 10 por ciento respondiera afirmativamente, ¿eso significaría que las mujeres como categoría de personasestán deprimidas? No. Las personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo tienen más problemas mentales en general, como han mostrado varios estudios disponibles en el sitio web de la Asociación Americana de Psiquiatría, ya sean miembros de Courage o no.
También está la realidad de que muchas personas viven con depresión sin saberlo y se han acostumbrado a ella. Quizás no reconocen la depresión porque muchas personas a su alrededor muestran un comportamiento similar, haciéndolo parecer normal. Nuevamente, esta es una cruz que estamos invitados a cargar. Solo quienes pierden de vista la naturaleza formativa de la vida en la tierra, como suele pasarme a mí también a veces, ven esto como algo injusto. La depresión puede tratarse si nos dejamos tratar. Si no, sufriremos —pero no porque no podamos elegir verla y vivirla de manera diferente.
La depresión con la que muchos de los miembros de Courage luchamos no es causada por vivir la invitación a la castidad, sino por no abrazarla plenamente junto con las Cinco Metas y los 12 pasos. Muchos de nosotros no llevamos una vida espiritual profunda o no tenemos amigos castos del mismo sexo. No nos entregamos a Cristo, no examinamos nuestra conciencia ni dejamos atrás los resentimientos. No es fácil vivir todo esto, pero fue precisamente la falta de voluntad para buscar la ayuda de los demás y hacer el trabajo necesario —no mi esfuerzo por vivir una vida casta y pura— lo que ocasionó mucha de mi depresión.
Sin una relación cada vez más profunda con Cristo y su Iglesia —y sinamigos a través de los cuales experimentar esa relación— muchas personas terminan deprimidas, ya sean gays o no, dentro o fuera de Courage. Para mí, como para otros, la depresión se manifiesta al estar en la delgada línea entre la castidad y la impureza.
La tercera palabra es «ocultos». Me resulta gracioso que la naturaleza un tanto reservada del apostolado se presente como si fuese el resultado de la manera en que el apostolado nos invita a vivir en vez de las ideas y el lenguaje de quienes armaron este documento. Ya es suficiente que la sociedad nos vea como homosexuales que se odian a sí mismos, pero que nuestra propia Iglesia hable de nosotros como lo hace al publicar este documento, realmentenos pone a muchos de nosotros en las sombras.
Courage también funciona de manera oculta para proteger el anonimato de aquellos miembros del apostolado que, por sus propios motivos, prefieren no hacer público este aspecto de sus vidas. Esto no es nada de lo que deban avergonzarse. Dios no habló en el fuego ni en el terremoto, sino en la voz tranquila y silenciosa que apenas se percibe. Así es el apostolado. Para servir a quienes más lo necesitamos, deben andar con cuidado, confiados en la guía del Espíritu Santo para guiar, a su vez, a quienes desean recibir lo que el apostolado ofrece.
Solitarios como Jesús. La depresión es un desafío y una cruz. Ocultos para servir. Tres palabras que buscan avergonzar y menospreciar, pero en lugar de eso iluminan a los grandes guerreros de Cristo en los quenosotros, en el apostolado, tenemos la oportunidad de convertirnos. Abracemos estas partes de nuestras cruces en vez de rechazarlas, como esperarían quienes armaron este documento. Besemos las cruces de nuestra soledad, depresión y vida oculta, como Cristo besó la suya, para convertirnos en los santos que nuestra Iglesia y el mundo, de la que ella es el corazón, necesitan.
La Iglesia no está aquí para llamarnos, caminar con nosotros, o invitarnos a vivir una vida fácil. La Iglesia está aquí para caminar con nosotros hacia la grandeza de ser divinizados y, para todos, eso implica distintos grados de dificultad. Algunos niños nacen perfectamente sanos, algunos nacen con defectos físicos y otros niños nacen y solo viven 20 minutos. Algunos matrimonios son más fáciles que otros. Algunas amistades son más fáciles que otras. Estos diferentes grados de dificultad no indican que las personas no debieran haber nacido, que no debieran haberse casado o que no debieran haber tenido amigos; solo significa que las personas cuyas situaciones son más difíciles están llamadas a un mayor sacrificio que conlleva una mayor dificultad.
Este es el mensaje que la Iglesia debe dar, no el mensaje de convertir nuestra cruz en un placer. Vivir con atracción hacia el mismo sexo negándome a mí mismo los placeres físicos y emocionales que me gustarían, es muy difícil. A veces desearía no tener que cargar esa cruz. Pero, gracias a Dios, tengo sacerdotes a mi alrededor que me han disuadido de tomar el camino fácil y que han caminado conmigo por el camino difícil.
«Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas» (Salmo 127, 1).
La vida no es un paseo entre tulipanes. No es arcoíris, chispitas y golosinas. A menudo es una caminata trabajosa. Morir a uno mismo, que es a lo que cada uno de nosotros, discípulos de Cristo, estamos llamados, es realmente morir; no es una metáfora. Es una muerte interior que, a menudo, es desagradable por no decir dolorosa. Vista apropiadamente como un tiempo de formación para la eternidad con Jesús, el Señor construyendo nuestra casa y guardando nuestra ciudad, entonces la caminata vale la pena y puede incluso convertirse en alegría. Si no, entonces se convierte en lo que describieron quienes hablaron de Courage en el informe.
Esto no es culpa del apostolado ni de tratar de vivir una vida casta, sino de quienes eligen experimentarlo de esa manera y de los sacerdotes, religiosos y laicos que alientan esta visión distorsionada de las cosas. Los grandes santos experimentaron tristeza, soledad y una vida oculta en momentos de sus vidas. No se regodearon en su tristeza dejando que llegara al grado de una depresión. No recurrieron a placeres desordenados. No se alejaron de la Iglesia. Abrazaron su cruz. Quienes elegimos ser parte de Courage, elegimos lo mismo que ellos.
*Garrett D. Johnson nació en Washington, D.C., y creció en el seno de una familia católica en Maryland. Dejó la Iglesia casi al final de su adolescencia y llevó un estilo de vida hedonista que incluyó drogas, videojuegos, y una vida abiertamente gay hasta que volvió al catolicismo alrededor de los 40 años. Es un blogger (su sitio web se llama Becoming a Good Man), también es estilista y miembro del apostolado Courage. En el 2025 publicó su autobiografía titulada: Becoming a Good Man [disponible en inglés].
Este artículo se publicó originalmente en Crisis Magazine y fue traducido al español por el equipo de Courage Internacional.

