El don de Dios en el camino de Courage y EnCourage

El don de Dios en el camino de Courage y EnCourage
Por Yara Fonseca*
En estos días en que celebramos los 45 años de Courage International, los 30 años de Courage en las Filipinas y los 20 años de Courage Latino, nuestros corazones se llenan de gratitud por esta obra de Dios en la Iglesia y nos conmovemos al hacer memoria de cómo, a través de este apostolado, tantos hombres y mujeres han encontrado caminos de acompañamiento pastoral y esperanza, aprendiendo a vivir con fidelidad a Jesucristo en medio de circunstancias difíciles y desafiantes. Cada historia de conversión, cada paso hacia la santidad, cada amistad construida en castidad es un testimonio vivo de un don que nos precede y nos sostiene.
También es un don que en este peregrinar de fe contamos con el ejemplo de santos patronos de Courage y EnCourage, San Agustín y Santa Mónica a quienes celebramos en este mes de agosto.
Ellos son luces que nos guían y fortalecen en el caminar. Santa Mónica es ejemplo de paciencia y perseverancia en la oración por los demás, pero especialmente por su hijo, mostrando que la gratitud al don de Dios se expresa en la entrega diaria, incluso cuando los frutos tardan en aparecer. Su vida nos enseña que amar y confiar es un acto de fidelidad constante, que transforma la espera en oración y la preocupación en intercesión. San Agustín, por su parte, revela la profundidad de la conversión y la alegría de una vida transformada por la gracia, recordándonos que acoger el don implica permitir que cada dificultad, cada lucha y cada elección cotidiana se convierta en camino hacia Él, y que la cruz, vivida con amor, se transforma en fuente de unión con Cristo.
Al igual que ellos, en Courage y EnCourage encontramos ese camino de fe que nos ayuda a poder vivir la santidad a la que nos invita Jesús y que con su amor y gracia es posible. Courage y EnCourage son un don para nuestras vidas y, como todo regalo divino, nos llaman a responder con amor y libertad. La Sagrada Escritura nos recuerda: «Toda dádiva buena y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces» (St 1,17). Acoger este don implica más que admirarlo: nos invita a hacerlo realidad en la vida cotidiana, tomando decisiones personales que reflejen gratitud y entrega. Las metas de Courage y EnCourage son caminos vivos que guían esta respuesta; vivirlas puede ser exigente, pues requieren sacrificio, disciplina, constancia y cargar con la propia cruz. Sin embargo, cada esfuerzo y fidelidad nos une más a Jesús y nos hace experimentar su gracia en lo cotidiano.
Los Papas nos recuerdan que la fe es respuesta agradecida al don de Dios. Benedicto XVI afirmaba: «La fe, en cuanto respuesta al don de Dios, es ante todo un acto de agradecimiento y de acogida» (Porta fidei, n. 10). San Juan Pablo II enseñaba que «todo en la vida cristiana es don: la gracia, la fe, la salvación» (Catequesis, 26.05.1999), mientras el Papa Francisco subraya que «el cristiano es aquel que se deja amar por Dios y responde con amor» (Homilía, 07.07.2013). Sus palabras nos invitan a mirar a nuestros patronos y a las metas de Courage y EnCourage no como obligaciones, sino como senderos concretos de gratitud y respuesta, que nos ayudan a vivir la fe con autenticidad y alegría.
Vivir el don de Dios implica transformar cada día en oportunidades de entrega y gratitud: en la oración, buscando la guía del Espíritu Santo y la intercesión de María, Santa Mónica y San Agustín; en la participación sacramental, fortaleciendo nuestra unión con Cristo y la Iglesia; en la amistad auténtica, acompañando a otros y sosteniéndolos en sus luchas; en cada decisión concreta, reflejando fe, esperanza y amor. Cada acto de fidelidad, cada momento de sacrificio aceptado por amor, cada gesto de entrega es expresión de gratitud al Señor que nos ama con amor eterno nos invita a seguirle.
Que este aniversario no sea solo un recuerdo de fechas, sino una oportunidad para reflexionar sobre los dones recibidos, aprender de los ejemplos de San Agustín y Santa Mónica, y renovar nuestro compromiso de vivir la vida cristiana con gratitud, alegría y fidelidad. Acoger el don de Dios, convertirlo en acción concreta y responder con amor transforma nuestra vida y la de quienes nos rodean, ofreciendo al mundo un testimonio alegre de la misericordia, la esperanza y el amor de Cristo. Así, cada día puede convertirse en un eco de gratitud que resuene en nuestra vida y en la de los demás.
*Yara Fonseca es asistente para los idiomas español y portugués de Courage Internacional y reside en Brasil.
