A la luz de la Pascua, redescubramos nuestro nombre
A la luz de la Pascua, redescubramos nuestro nombre
Por Yara Fonseca*
En este tiempo santo de Pascua, después de haber contemplado y celebrado el misterio de Cristo muerto y resucitado, queremos volver la mirada al nombre que da identidad a nuestro apostolado.
La Pascua nos sitúa en el corazón mismo de la vida cristiana. En Cristo crucificado contemplamos la fidelidad que no retrocede ante la prueba, descubrimos que el amor es más fuerte que el miedo, el pecado y la muerte. Desde esta luz queremos redescubrir el significado del nombre de nuestro apostolado, porque no se trata simplemente de una designación práctica, sino de una palabra que expresa un camino y una manera concreta de vivir la fe.
El nombre Courage no fue elegido al azar. El apostolado nació en 1980 en Nueva York, fundado por el Padre John Harvey, OSFS, a petición del cardenal Terence Cooke, como respuesta pastoral para personas que deseaban vivir con fidelidad el llamado cristiano a la castidad y a la santidad. Desde sus comienzos, este nombre quiso expresar algo esencial del camino cristiano, la necesidad de la valentía para permanecer en el bien, incluso cuando ese bien exige lucha, paciencia y perseverancia.
En esa palabra resuena la gran virtud cristiana de la fortaleza, una de las virtudes cardinales. El Catecismo la define como la virtud que asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien. No se trata solo de resistir, sino de mantenerse fiel cuando el camino se vuelve exigente. Es la valentía de seguir caminando cuando aparece el miedo, la confusión o la tentación de retroceder.
Junto a Courage encontramos también EnCourage, que nos ayuda a ampliar la mirada sobre esta misma virtud. Este apostolado nació para acompañar a familiares y amigos que también están llamados a recorrer un camino de fe, esperanza y caridad en medio de su propia historia.
En este sentido, EnCourage expresa también la invitación a vivir la virtud de la valentía desde el amor que permanece. La fortaleza no es solo para quien lleva directamente una lucha interior, sino también para quienes aman, acompañan, esperan y perseveran junto a otros. Hay en ello una resonancia profundamente pascual. Como María al pie de la cruz, permanecer cuando el camino se oscurece, sostener la esperanza cuando aún no se ve la luz y confiar en la obra de Dios incluso en medio del dolor, es también una forma concreta de vivir la fortaleza cristiana y la esperanza pascual.
Tal vez por eso este tiempo pascual nos invita a escuchar de nuevo aquellas palabras del Señor, “No tengan miedo”. Toda auténtica valentía cristiana nace de esta voz. No es una fuerza que brota simplemente de nuestra voluntad, sino de la certeza de que Cristo vive y camina con nosotros.
La fortaleza cristiana no se comprende plenamente si no levantamos la mirada hacia Cristo crucificado y resucitado. En su Pasión contemplamos la fidelidad llevada hasta el extremo; en su Resurrección descubrimos que esa fidelidad no termina en la cruz, sino que florece en vida nueva.
Jesús enfrenta el sufrimiento, la injusticia y la muerte sin abandonar el bien que ha abrazado ni apartarse de la voluntad del Padre. Su valentía no consiste en la ausencia de temor, sino en la fidelidad al amor hasta el final. Y la mañana de Pascua nos revela que ese amor es más fuerte que la muerte.
La vida cristiana está animada por las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad. Sin embargo, estas virtudes se viven en la fragilidad de nuestra historia concreta. Creer cuando no vemos, seguir esperando cuando la situación se oscurece, amar cuando hacerlo implica perdonar, sostener al otro en su herida o cargar con la propia debilidad, todo esto exige valentía.
También en la vida cotidiana la fortaleza ocupa un lugar decisivo. Cuando el bien trae consigo renuncia, incomodidad o exposición, es esta virtud la que permite dar el paso y perseverar. Muchas veces sabemos lo que debemos hacer, pero es la valentía la que nos permite permanecer fieles.
Por eso, a la luz de la Pascua, el nombre de nuestro apostolado deja de ser solamente una referencia institucional y se convierte en una invitación personal: Courage nos invita a permanecer en el bien y EnCourage nos recuerda la llamada a perseverar en el amor y a esperar junto a quienes amamos.
Que esta Pascua nos regale esta oración sencilla:
Señor, dame tu valentía y hazme perseverar en el bien.
Fortalece mi corazón y cada día indícame el camino para seguir tu voz que me llama
y me dice “no tengáis miedo”.
*Yara Fonseca es asistente para los idiomas español y portugués de Courage Internacional y reside en Brasil.

